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martes, 3 de abril de 2012

El Conde de Superunda

El Conde de Superunda
Esa hermosa ciudad de la que tanto hablamos, de la que oímos, de la que dicen, cuentan e inventan. Esa Lima que vemos y que contemplamos. Aquella, la de los balcones, casonas, puentecitos, iglesias, miradores y mil cosas más. Es la Lima que nos dejó: José Antonio Manso de Velasco. Virrey del Perú entre 1745 y 1761.
La noche de 28 de octubre de 1746 aproximadamente a las diez y treinta, Lima comenzó a temblar y a crujir desde sus entrañas. Un terremoto que para algunos duro dos minutos, tres para otros y una eternidad para todos los habitantes de aquella época. En la oscuridad mas absoluta, la implacable furia de la naturaleza, se hacia mas terrible y mas pavorosa, de lo que hubiese sido de cara a la luz del sol, En donde tenemos la opción de saber a donde ir y por donde no.
En aquel momento, la ciudad de los reyes había quedado sumida en la desolación, el caos mas absoluto y en la destrucción casi total de su infraestructura, Solo quedaron en pie, el veinticinco por ciento de sus edificaciones. Hasta la catedral quedó en escombros. Solo gritos desgarradores y una nube densa de polvo, invadían el dantesco escenario de aquel fatídico 28 de octubre.
El costo de la desgracia, fueron más de mil quinientas vidas. Una cifra de grandes proporciones para la época. Y para una ciudad pequeña, como la Lima de antaño.
No tenía siquiera un año ejerciendo el cargo de Virrey del Perú “El Conde de Superunda” cuando tuvo que tomar las riendas de tan grande responsabilidad.
El virrey, no dudo en tomar el toro por las astas y comenzó a trabajar sin suspiro ni aliento, de sol a sol y a brazo partido. Hizo cuanto pudo y cuanto quiso para lograr que la ciudad volviera a la normalidad.
Hay que destacar que, estamos hablando de la ciudad de Lima en sí y no de El Callao su principal puerto. El callao, fue arrasado por un tsunami, cuya ola media más de 17 metros de altura. No quedó piedra sobre piedra y tan solo un promedio de cien personas sobrevivieron a la catástrofe.
La fuerza de la ola, hizo que el mar llegara hasta lo que hoy conocemos como: el cruce de las Av. Elmer Faucett y Colonial. En esta esquina existe un templo, en honor a la virgen del Carmen. Porque el fervor popular, le atribuye el milagro de permitir que hasta ahí llegase el agua.
La distancia entre la playa y el cruce de las mencionadas avenidas es de aproximadamente cinco mil metros o cinco kilómetros. En aquellos tiempos la medida equivalía a una legua.Es por ello que la iglesia lleva el nombre de Carmen de la Legua.
Lima y el Callao, volvieron a renacer y a ser lo que fueron, gracias al virrey Conde de Superunda., quien fue más Allá de sus posibilidades y peleo hombro a hombro con el pueblo para devolverles una ciudad a la altura de su categoría.
La calle que hoy conocemos como Conde de Superunda. Que va desde el Correo Central y hasta la Av. Tacna: originalmente llevaba el nombre de: Paseo de los Conquistadores y luego fue cambiada en homenaje al restaurador de la tres veces coronada Ciudad de los reyes.
Por esta razón, don José Antonio Manso de Velasco y Sánchez, fue honrado por el rey de España con el titulo nobiliario de: Conde de Superunda. El nombre deriva del latín: súper (gran) unda (ola) En alusión ala gran ola que asolo las costas limeñas.

3 comentarios:

  1. Hola, me ha encantado tu trabajo ya que me gusta saber la historia y más si es de Paises Latinos.
    Debio de ser horrible la catástrofe ocurrida aquel día, lo has explicado muy bien, tanto, que daba la impresión de estar en el sitio.¡Cuanto debieron de sufrir aquellos habitantes!. Muy hermoso el trabajo que realizó D. Losé Antonio Manso de Velasco y Sánchez de Samaniego.
    Me alegro que lo hayas contado, y muy bien por cierto.
    Un besazo

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  2. Siempre he sostenido que: la historia es muy rica y sobre todo, cuando esta en estado natural y despojada de pasiones.
    Es lo que sucedio y para mi: es el virrey que merece tener una gran mencion en nuestras paginas historicas, porque lego mucho e hizo bastante.
    gracias por tu comentario y por el halago inmerecido.
    Un beso gata.

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  3. Amigo, desde tu blog aprendo un poco más, gracias por hacernos conocedores de la historia desde tus letras.

    Un beso.

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