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domingo, 31 de octubre de 2010

La Huachafería



Hace ciento veinte años, nace en el Perú y más específicamente en Lima, la “huachafería”. Lo gracioso, paradójico y trascendente es que: esta expresión, tiene barrio, dirección, fecha de nacimiento y linaje.
Bien sabido es que, muy difícil resulta encontrar el punto exacto del nacimiento de una palabra, de las infinitas que tiene la lengua española. Pero la huachafería goza de tanta connotación, que no podía dejar de tener cuna y alcurnia. Una alcurnia no precisamente de la que conocemos, como la de la realeza. No, es la alcurnia en donde nace su majestad el pueblo, el soberano, aquel que hace el lugar y traza el camino.
A comienzos del año mil ochocientos noventa, llega a vivir a la cuadra diez del jirón Andahuaylas. (En los Barrios Altos) una familia. Un peruano casado con una dama colombiana y padre de tres jovencitas en edad casadera Aquella familia y en especial las “niñas” hijas indiscutibles de la algarabía, gustaban de armar unos fiestones y jaranas, de lo más escandalosas y bullangueras. Lejos de la conocida jarana criolla, que a pesar de su estruendo y gran duración, gozaba de cierto recato y coto. En estas juergas se solía lindar con el escándalo y la estridencia de corte carnavalesco.
Las fiestas se sucedían de manera consecutiva y sin motivo aparente. Lo que se pretendía era el hacer notar una bonanza económica y fomentar un buen pretexto para propiciar el matrimonio de las muchachas.
El asunto es que: las colombianitas solían llamar a estos fandangos, “guachafas” Término que se usa en Colombia para referirse a un escándalo, bullicio, fiesta.
A lo que la “burguesía popular” no tardo en bautizar lapidariamente con la terminología de HUACHAFERÍA. A los fiestones bulliciosos y con aires de recepción palaciega, que solían realizar en la casa de los colombo-peruanos.
De la misma manera las jovencitas, recibieron el honorífico titulejo de: Huachafas. Con esto, el populacho había encontrado la manera de calificar a las cosas que no estaban bien nacidas e identificadas en el contexto social.
Esta terminología, fue utilizada en un artículo del periodista: Pedro Miota, que por esas épocas, gozaba de popularidad y fama en las esferas de lo escrito. Es así que, nuestro amigo periodista, lanza a la fama y a los cuatro vientos a la HUACHAFERÏA con sus hijos putativos: huachafa, huachafo y los pequeños huachafitas y huachafitos.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Tiene para el termino Huacháfo, el sinónimo de cursi. Pero, este término, no define el real sentido y la esencia de la palabra en toda su verdadera dimensión.
La huachafería, es casi una identidad. Una manera de juzgar a los demás y lo demás. También una manera de vivir, de sentir y de expresarse. La huachafería, esta en todas partes y en todo lugar. Diríamos que forma parte de las grandes urbes y las ciudades. Tiene rango metropolitano, civilizado, clasista. Si, clasista porque esta en cada una de las clases sociales, tiene rango y categoría.
Cada clase o estrato social, tiene y cultiva su propia huachafería. Si queremos una definición un poco más explícita, podríamos decir que la huachaferia puede ser: literaria, arquitectónica, lingüística, social, indumentaria, decorativa y todas aquellas cosas que conforma el entorno de nuestro diario vivir. ¡Ojo! No hay que confundir nunca: estrafalario con huachafo. Son dos cosas totalmente diferentes, ejemplo: un muchacho, con los pantalones cayéndoseles bajo la cadera, con los cabellos pintados de colorines, con una camisa amarilla y zapatos verde esmeralda. Definitivamente puede tratarse de un estrafalario o un extravagante pero no de un huachafo. En cambio: un hombre de unos 65 años con el pelo pintado de color castaño, vestido con un pantalón blanco, un saco color marrón, zapatos mocasines blancos y lleno de anillos y cadenas de oro. Aparentando solvencia, juventud y estado físico envidiable y una edad impropia: ese si es un huachafo de pura sepa.
Si hablamos de una casa que: en un terreno pequeño ostenta una arquitectura copiada de una palacio o castillo y cuyo interior se asemeja a la abadía de Westminster; ahí esta presente la huachafería.
Aquella persona que siempre habla de grandezas y trata de aparentar lo que no es. Definitivamente es una huachafa.
Son ejemplos que nos acercan un poco a la idea. Solo a la idea, porque la realidad es otra cosa muy diferente y muy entretenida.
En el único lugar en donde la huachafearía no habita y florece, es en el campo. En el ámbito rural, parece ser que ahí, la tierra no es lo suficientemente rica y carece de algún nutriente capaz de ayudar a la germinación de este simpático virus pandémico, que forma parte de nuestra identidad capitalina, colonialista y con perfumes de virreina en decadencia.
El huachafo puede ser: convencional, ocasional, contumaz, pertinaz, célebre y de cualquier clase o estrato social, (la huachafería, no discrimina). Se puede ejercer y ser huachafo, aun después de la muerte. Este sería el caso del huachafo imperecedero, que los hay y muchos.
Yo no estoy excluido de esta práctica. Podría estar en la categoría de: huachafo ocasional, porque la huachafería, no es capaz de dejarnos. Siempre estaremos propensos de caer en ella, como en la casa del jabonero………
En otro artículo me explayare con más holgura sobre este tema tan apasionante. Por el momento me quedo con una frase de Mario Vargas Llosa alusiva a la huachafería..…. ¿Un champancito hermanito¿

3 comentarios:

  1. Un champancito mi hermano, y a su salud!!
    Lujo leerte de nuevo.
    Un abrazo!!

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  2. buenas tardes,tanto tiempo sin pasar por tu blog!
    hermoso relato! gracias por seguirme en lo oscuro...por que?
    gracias mil veces
    lidia-la escriba

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  3. Dos cosas por señalar, es propio de huachafos escribir cantidad indeterminada de puntos suspensivos, los cuales son sólo tres.

    El color de su blog en bien huachafo también, a lo mejor unas clases de diseño o arte le ayuden a escoger mejor.

    Un saludo.

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