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martes, 24 de enero de 2012

El contrato

         Parte 10


Al promediar las dos y media de la madrugada aproximadamente, Mauro y Rosalia, despertaron a causa de unos ruidos que provenían del primer piso . Al comienzo, solo eran ruidos, los mismos que no podían identificar con claridad, puesto que aun se encontraban algo somnolientos,  pero luego de haberse despertado del todo, lo que escuchaban: eran gritos desgarradores acompañados de otros ruidos indescriptibles.
Mauro, se incorporo y salto de la cama hacia un mueble que tenia en frente y abrió uno de sus cajones en el que guardaba un revolver. Sin mas ni mas, lo tomo y decidió bajar, mientras Rosalia atacada por los nervios, daba de gritos e intentaba detenerlo tomándolo por la cintura.
Mauro empuño el arma y con paso firme y decidido, emprendió el camino hacia la escalera, seguido por Rosalia que a pesar del miedo  opto, por no dejar solo a su marido. Al llegar a la mitad de la escalera y de donde se podía divisar el salón, Mauro se detuvo, para ver si  observaba  algo, pero todo estaba en calma. A pesar de su evidente temor, Mauro no dudo en continuar y revolver en mano, continuo descendiendo las escaleras, hasta llegar al gran salón. Al llegar, encendió las luces y reviso el lugar. Para su sorpresa: no existían rastros de haber sucedido algo en ese lugar.
Verifico: puertas, ventanas, otras piezas y todo aquello que pudo, pero sin encontrar absolutamente nada.
La calma, se había adueñado del lugar. Solo quedaba, el retirarse.
Los esposos retornaron a su habitación. Ambos lucían: consternados, casi mudos, tensos y con un extraño frió en sus cuerpos. Se hacían una y mil preguntas y ninguna encajaba dentro de la lógica.
En lo que restaba de la noche, no pudieron conciliar el sueño y permanecieron despiertos y atentos, hasta ver las primeras pinceladas del amanecer.
Cuando sintieron que Matilde y los demás empleados, estaban en pie, decidieron bajar a la cocina y al entrar en ella; lo primero que hicieron fue preguntarle a Matilde: ¿Esta madrugada, has sentido algún ruido o algo extraño?
Matilde » No señor, nada en especial ¿porque?
Mauro » Por nada, solo preguntaba.
Matilde » Perdone usted señor, pero yo si creo saber el porque de su pregunta.
Mauro » ¡A ver, dime! Te escuchamos.
Matilde » Señora: ¿recuerda usted, que hace un tiempo, le pedí que me autorizara a cambiarme de habitación?
Rosalia » Si.
Matilde » La razón de esa petición, se debía a que: los gritos, ruidos y pasos   que  se escuchaban en las noches, eran insoportables y no vaya a pensar, que era cosa miá. : también fueron testigos de ello Berta y los demás  empleados.
Rosalia » ¿Porque nunca nos hablaste de eso?
Matilde » Porque nosotros solo somos empleados y nuestra palabra u opinión, carece de valor.
Mauro » ¡No mujer! No digas eso, para nosotros, tu siempre has sido como de la familia, te respetamos y apreciamos. Tu palabra,siempre cuenta; siempre tiene valor. Son muchos años que vives con nosotros, desde la época de mis padres. Son bastantes años de vivir juntos Tu opinión siempre ha sido muy importante, lo mismo que tus consejos. Rosalia y yo, tenemos un aprecio muy especial por ti.
Dime: desde cuando escuchas y sientes, todo eso que nos estas diciendo.
Matilde » Desde siempre, desde el primera semana que llegue a esta casa.

Mauro » Creo que vamos a tener que traer a un sacerdote, para que bendiga esta casa.
Matilde » Si Señor, creo que hace usted bien.
Mauro » Estas casas, tan antiguas, aveces tienen mucha carga emocional  muy fuerte.
Rosalia » Me parece, que es lo que deberíamos haber hecho desde un comienzo.
Mauro » Si mujer, el domingo que vamos a misa, hablaremos con el sacerdote, para que nos preste los oficios religiosos pertinentes.
Rosalia » ¡El domingo! No, ahora mismo, hay que hablar con el cura. Esto no puede esperar, tenemos que pensar también en los niños.

Seguidamente, los esposos se retiraron a sus habitaciones y se alistaron para salir. Ninguno, tenia apetito, así que; sin desayunar, a los pocos minutos partieron con rumbo a la iglesia, en busca del sacerdote.
 

2 comentarios:

  1. Mucho me temo que la actuación de un sacerdote poco puede hacer para solucionar el peligro que, intuyo, tiene esta casa y su dueño.

    Un abrazo Pluma.

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  2. Bueno...Si y no.
    Gracias por tu fidelidad y tu paciencia.
    Un beso muy afectuoso. y hablando de miedos y "torturas" no me tortures mas. regalanos algo de leer. se que de lo bueno poco, pero no tan poco.

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